lunes, 6 de mayo de 2013

María, esperanza nuestra


Tú eres, María, nuestra esperanza,
porque has conocido todos los sufrimientos
de nuestra pobre humanidad.

Has reconocido la estrechez de la pobreza en Belén,
las amenazas de la persecución
y la huida al destierro,
la inquietud de la peregrinación a Jerusalén,
la angustia de la noche del Jueves Santo,
los tormentos del camino del Calvario,
la soledad al pie de la cruz.

Tú eres nuestra esperanza,
porque en todas las circunstancias
supiste corresponder completamente
a la voluntad del Señor.

Tú eres nuestra esperanza,
porque el mismo Jesús nos confió a ti
en la hora de la cruz,
porque tú eres verdaderamente nuestra Madre.


Te pedimos que cuides de todos tus hijos
como cuidaste a Jesús Niño.
Confiamos en ti
como un niño confía en su madre.
Llévanos hasta tu Hijo Jesús:

ayúdanos a seguirle hasta el fin
para que nuestra esperanza no sea defraudada.
Amén.

(Thomas Suavet)

 

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